La ideaSimon Willison, un programador que lleva años documentando estas herramientas, bautizó en junio de 2025 la combinación peligrosa y el nombre se quedó: la trifecta letal. Son tres condiciones que se dan a la vez en el mismo agente —datos privados a la vista, contenido que escribe un tercero, y alguna forma de sacar información fuera—. Con dos de las tres no hay robo posible. Con las tres, basta con que alguien deje escrita una orden en una página, un correo o un ticket que el agente vaya a leer.
El fondo del asunto es que un modelo de lenguaje obedece las instrucciones que encuentra en lo que lee y no distingue con fiabilidad quién las escribió. A eso se le llama inyección de instrucciones. El centro británico de ciberseguridad lo explica sin adornos: no se parece a los ataques clásicos contra bases de datos, porque allí sí se pueden separar los datos de las órdenes y aquí no; es un riesgo que ningún producto elimina del todo.