La ideaClaude Code, Codex, Cursor y Copilot se parecen cada vez más: en dieciocho meses los cuatro han acabado ofreciendo lo mismo con nombres distintos —un fichero con las normas del proyecto, instrucciones que se cargan solo cuando hacen falta, ayudantes con memoria aparte, código que se ejecuta siempre en momentos fijos y un enchufe para conectar herramientas de terceros—.
Debajo de esos nombres siempre están los mismos siete problemas: que el agente pueda comprobar lo que acaba de hacer; que alguien administre una memoria que no da para todo; que lo importante quede escrito fuera de la conversación, donde no se puede olvidar; que las normas serias se impongan en vez de pedirse; que el daño posible tenga un techo; que después se pueda ver qué pasó; y que las piezas sobrantes se retiren cuando el modelo aprende a hacer eso solo.
Resolver esos siete es lo que separa a un agente de un chat con adornos. El modelo escribe el texto; quien decide qué lee, qué puede tocar y si el trabajo está bien es todo lo que tiene alrededor, que en este oficio se llama harness o arnés.